septiembre 23, 2004

Hubo una cirquense.

Ahí estaba yo buscando algún código en el calendario , una encriptación mágica, me ayudaba por estrellas, rayas y demás símbolos. Iba rápido contando uno, dos , tres, cuatro, cinco, (...), once, doce, trece, catorce.

Catorce pásaba por aquella calle que ya estaba tan gastada. Estaban ahí también los otros, los que si tienen preocupaciones de verdad, los que tienen incertidumbres, pasiones, todos ellos. Uno de ellos un paletero o elotero supongo, por equivocación poética desplega servilletas como naipes que se van al vacio. Y se mezclan entre el aire y los carros, no sé si ellos lo vieron, pero yo la que no tengo todavia demasiado en la cabeza me parecio una enumeración de sucesos.

Catorce pasaba tan rápido y preguntaba que si en aquella calle de carros grandes y casas lindas hubieran visto la conjunción de la acera con las servilletas.

Y yo la loca cirquense viciada en la imagen de las servilletas, pensaba y pensaba, de pronto llegué a casa. El olor de la comida esfumo el recuerdo de las servilletas como el viento las esparcio.

3 comentarios:

  1. te voy a decir que aunque no esta mal, no debes de jugar con el lector con simples truquitos porque se enfada. por ejemplo eso de usar itálica cada vez que utilizas una frase matadora o un número pues casi casi le estas diciendo al lector: "WEY TIENES QUE LEER ESTO SOY BIEN CHINGONA" aunque sea por equivocación poética, si me entiendes.

    saludos
    José Carlos

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  2. Tan zarra que solo una persona te comente como cuando creces y ya no te gusta màs el pan con mantequilla y la leche con chocolate (quik).

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Hola.