Suelo apuntar mis pendientes en post its y ponernos en la computadora.
Es una manera de que me torturen, una manera de que me presionen, una manera de disfrutarlos y una manera de hacerlos.
Mis pendientes tienen desde irme a cortar el cabello hasta leer un extenso capítulo que no he podido por quedarme dormida. Son básicos, necesarios, necios, tracioneros. El día de hoy tengo tantos que no puedo leer la parte superior de la pantalla, y ahí están asomandose a que los haga. Es como la foto de la mujer que no queremos ser en el refrigerador, es un equivalente a las cuentas que llegan mes con mes, es el regalo de santa clos que se anuncia en la tv.
Los míos vienen en colores diversos, con ecriptografía que asemeja a jeroglifico, y con una violencia de mil signos de exclamación.

pues a trabajar se ha dicho darling
ResponderBorrarte quiero!
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