Esta semana fue de esas semanas que realmente sentí que era estudiante. Pasé hambre, calores, sueños, estrés y ganas de que llegará el fin de semana y perderme en el alcohol. Pensé también que espero con todas mis ganas de que llegue la beca e incluso pensé: por qué no manejo.
Tuve que ir al hospital 2 veces. Y además de tener que ir me salí de mi sector. Recordando que yo no manejo y como vivo en el centro de la ciudad puedo manejarme caminando para ir a mis actividades diarias. Pero algo paso en la rutina de estas actividades. Subirme a un camión urbano fue toda una pinche aventura.
Tuve que ir al hospital 2 veces. Y además de tener que ir me salí de mi sector. Recordando que yo no manejo y como vivo en el centro de la ciudad puedo manejarme caminando para ir a mis actividades diarias. Pero algo paso en la rutina de estas actividades. Subirme a un camión urbano fue toda una pinche aventura.
A duras penas sabía como usar dos para llegar a ciertas partes cuando en verdad requeria salir de mi sector. Y esto fue antes de los modernizaran. Cuando yo iba en el camión pues alguien te cobraba. Ahora tu le hechas el dinero a una caja, y esta no regresa feria. Ahora tienen aire acondicionado. Además de asientos comodos.
Todo fue una travesia. Primero confesar que no usaba camiones porque no lo necesitaba. Y contar todas estas historias de borrachos que me hacian ojitos. Locos que me decian que era una niña muy bonita. Y todos esos delirios de persecusión que me persiguen a cada lugar al que voy porque juro por mi vida que siempre me habla la gente desconocida. Después me decian que si no esperaba conocer mi ciudad algún día. Yo alegaba y decia para qué no es una ciudad en la que quiera vivir en un futuro. Que de eso me encargaría el día que encontrará mi establecimiento. Por mientras podría vivir de la misma manera que lo he venido haciendo los últimos 21 años. Lo segundo deben saber que para ir a un hospital una tiene que ir de blanco y toda linda. Evitar que la calle y los camiones te ensucien es toda una maldita aventura. Saben lo que el polvo y los rancherotes que creen que con su cherokee son los dueños de la calle es una maldita lata.
Llegar a la parada del camión. 7 individuos disfrazados de botargas simi. La gente cree que uno siempre les puede hacer un bien. La verdad es que a veces no sabemos ni donde dejamos las cabezas y pues es un poco triste ver que todas las esperanzas caen una a una en la ignorancia que es más rápida que uno. Después esperar a que el culero camionero se parará. Subirnos y preguntar y aquí a uno cuando le cobran. Y que me digan... ¿Qué no lo hechaste en la cajita? Y yo pues no... Según yo aquí un chalan te cobraba.
Después fue el viaje. Sentirse perdido en calles que apenás y ha recorrido. Una puede convertirse en turista en su ciudad natal y para ejemplo estoy yo. La música del camionero que al parecer le ponen mucho empeño para componer mágicas piezas. Digo puta madre esos están dignos para la escuela de creación literaria. Ellos si que son los poetas de la calle. Jajaja. Pero esto no es lo peor. Lo peor es que la velocidad en que se desplaza el camión hace efecto sobre el cuerpo. Y pues puede terminar tirada a lo largo de un camión 12 de octubre. O caer en las piernas de un hombre deseoso de una mujer de curvas. Y una verse con la verguenza y ganas de que trague la tierra.
En el hospital siempre es lo mismo. Preguntar con toda la hipocresia del mundo si el paciente fuma, toma o se droga. Porque es que nosotros somos el ejemplo y uno no hace eso. Preguntar por hábitos sexuales. Y darse cuenta que este pinche pais se maneja con las patas. Es ahí donde la ignorancia en las ganas de superación se ven reflejadas. Una niña de 17 años que me dice que quiere aprender a usar condones y contar sus ciclos pero que nadie le ha enseñado. Fue la primera vez que sentí que realmente hacia algo útil. Ella se fue tranquila contando sus ciclos, le enseñe a poner un condon hasta con la boca y le conté sobre los diferentes métodos anticonceptivos. Le enseñe mi calendario se ciclos menstruales y quizás me dio verguenza al verlo tan vacio porque no hay actividad.
Después por primera vez sentí las ganas de tener un bebé. Fui a neonatología. Viendo a niños que no alcazaban ni el kilo doscientos en sus pinches incubadoras high technology, juro que estas incubadoras pueden decir hasta los malos pensamientos de los niños. Pinches niños están bien tiernos y lindos y vulnerables. Esperando a crecer y darse cuenta que quizás vivan en un lugar hostil con una madre que piensa que son sus juguetes. Pero la verdad es que para mí si parecian muñequitos. Incluso dije voy a ser neonatologa. Y sale una voz de fondo y ultratumbra: para eso tienes que pasar por pediatria. Y yo dije: pura madre jajajaja primero muerta que pediatra.
El regreso fue más tranquilo. Ya venia cansada y lo único que queria hacer era lavarme las manos. Considero que en los hospitales te puedes hacer inmune a cualquier pinche especie patogena que exista en la tierra siempre y cuando te laves las manos después de salir de ahí. Alguna vez les contaré de la vez que tuve una otitis media crónica supurativa por meterme al cuarto de desechos del seguro social... o por estar en contacto con bacterias en el laboratorio de microbiología. Lo único que sé es que pinches microorganismos culeros. Infectan a niños y se los lleva la chingada.
La conclusión a la que queria llegar es que siempre hay una primera vez para todo: querer ser madre a pesar de que una jura que no quiere, subirse a un camión urbano, aprender a poner condones con la boca. Como dice pulp: Do you remember the first time? I can´t remember a worst time...

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